jueves, 16 de abril de 2026

Viajes Nocturnos

Me despertaban de madrugada y como un zombie me metían en el bólido -Que es como mi padre llamaba al Opel Kaddett- No había sillas, cinturones o sujeción alguna: Me tumbaba atrás mientras medio dormido intentaba adivinar por dónde íbamos. Había dos formas de adivinarlo: Una era las sensaciones de la carretera, otra la canción y la cinta que iba sonando -la que evitaba que mi padre se durmiera y acabáramos como otros diez mil cristianos en un lateral de la carretera- La primera era una cinta blanca con una manzana en el lateral: Que noche la de aquel día de los Beatles, seguido por las rancheras de Pedro Infante, de nuevo otra cinta blanca y azul de Carlos Gardel. Aún recuerdo la portada, su cara y su sombrero. Eso cubría aproximadamente el primer tramo del viaje. Seguía con el disco azul de los Beatles, otra cinta de Cristina y los Stop. 

Despertaba en una gasolinera con restaurante en medio de la nada, desorientado, con frío y hambre. Siempre he adorado aquellos lugares de desayuno donde nunca volver, con esa atmósfera de la España profunda: El ruido de la máquina de café, el murmullo de voces que nunca cesan, los niños corriendo entre las mesas. Desayunos o almuerzos ruleta que sólo sucedían en aquellos lugares mágicos, siempre en lo alto de una colina, mirando la autopista desde arriba: Un pincho de tortilla, un pepito de ternera o un bocadillo de lomo con queso.

Con los ojos medio cerrados adivinaba que salíamos de Madrid por la Avenida de Andalucía, donde estaban las siderúrgicas trabajando de noche y saltaban las chispas. después, cuando llegábamos a Toledo el bólido parecía volar, por las subidas y bajadas de la carretera. Por las curvas sabía que estábamos en Despeñaperros, y de repente el olor a almazara evocaba churros. Decían que los mejores eran los de la gran churrería de Mengibar o en Bailén. La primera se halla en un bulevar lleno de naranjos, la segunda en una zona de descanso que parecía salida de una película americana. 

lunes, 23 de marzo de 2026

Bienvenido a la Legión

El camión paró delante de un barracón. Al ver que no bajaba del camión -agazapado y aún con dolores en el abdomen- tres legionarios bajaron a Antoñito del camión en volandas y lo tiraron al suelo. El lugar era bastante oscuro, apenas entraba luz y estaba mal ventilado. Continuamente se oían quejidos y gritos, como si fuera un lugar donde se expiaban todos los pecados del mundo. 

Alguién le gritó que se acercara. 

Abrió los ojos y al fondo vio a un sargento con el pecho descubierto sentado en una silla, tomando notas sobre un pupitre de colegio. Volvió a gritarle.  Antoñito se levantó como pudo y arrastrándose más que andando llegó hasta el pupitre. 

- ¿Nombre? - Preguntó, con un fuerte acento de Sevilla. 

- Antonio. 

El sargento apuntó el nombre. Acto seguido se levantó rápidamente y le soltó un manotazo en la cara a Antoñito con tanta fuerza que este cayó al suelo, llorando. 

- Bienvenido a la legión, "granaino". 

Horas después le entregaron el petate con el uniforme, cinco calzoncillos, cinco calcetines y un fusil Mauser.  A Antoñito -que sólo había disparado antes con carabinas Spencer al tiro al pichón en casa de algún señorito- Le intentaron comprar los cinco calzoncillos mediante trueques. El no entendía nada, así que se mantenía callado todo el tiempo y sólo hacia caso a los mandos. La formación para llevarlos al frente duró exactamente dos días: Básicamente les enseñaron a desmontar y montar el Mauser y a tirarse al suelo para que no les dieran.  Sólo descansaban para dormir y comer, donde Antoñito disfrutaba de los platos de cuchara. Decían que en el bando republicano apenas comían, mientras ellos disfrutaba de las "lentejas de la victoria" como las llamaban, de dos comidas al día (y a menudo podían repetir)

En su mesa siempre se sentaba un chico que llamaban "El filipino". Era muy gordo y grande y caminaba encorvado como un oso. tenía rasgos claramente asiáticos. 

- Tú - le señaló con el dedo índice - ¿De donde eres? 

- De Granada. 

- Yo de "Jeré" Mucho andaluz por aquí. 

Le contó su historia en corto: Su abuelo era un miembro de batallón de cazadores número dos, oriundo de Jerez que se enamoró de una filipina y que volvió a España en 1899. 

España, siempre a la gresca. 

jueves, 12 de febrero de 2026

Lo impensable a Caballo

La casa de mis abuelos se hallaba sobre un antiguo terreno agrícola. La vivienda principal se había construido en una noche, a medio camino de la Base Americana de Rota. El bosquejo de construcción había sido realizado sobre papel Galgo por mi abuela. La puerta principal daba a la antigua carretera de Sanlúcar De Barrameda, la de detrás a un camino. Como mi abuela plantó Petunias, limoneros y geranios en la parte de atrás -pues daba todo el día el Sol- Obligó a mi abuelo a mantener al caballo en el lado de aquella primitiva carretera, lo cual provocaba el nerviosismo del animal cuando pasaba algún vehículo, sobre todo convoys militares. Antonio iba todas las mañanas a trabajar de frigorista a la Base militar, seis kilómetros a trote sobre aquel lusitano que suponían su mejor momento del día.  Había un montículo antes de girar a la izquierda desde donde aún hoy se divisan los aviones y barcos a lo lejos entre la niebla de la comarca de la Janda. Aquel era el lugar y el instante donde los recuerdos se agolpaban, sin sentido. Apareciendo en su mente como un fantasma con asuntos pendientes. 

                    *           *            *
 
Habían acabado las clases en el colegio de Jun, una pequeña pedanía de Granada de menos de quinientos habitantes. Antonio conocía casi todos: Desde el párroco de la iglesia de la concepción hasta el profesor de la escuela pasando por la pareja de guardia civiles que paseaban por el pueblo. Un fotógrafo había llamado a su puerta días antes para entregar la foto del colegio, donde se podía distinguir a aquel mozalbete rubio de ojos azules, más bien delgaducho, con mirada desafiante, más alto que otros niños. En ese pueblo vivían desde hacia varias generaciones, sus abuelos, sus padres, sus primos, sus hermanos. A veces bajaban de excursión a la ciudad, a la que llegaban bajando por el camino de Sierra Nevada en un periquete. En la Alameda montaban un pequeño Carrusel y una máquina de helados que eran la delicia de grandes y pequeños. 

Aquel sábado era distinto. Se escuchaban voces de preocupación, las mujeres lloraban desconsoladas. Un periódico era leído en alto mientras varios escuchaban, preocupados. De repente pasó un camión militar, del cual bajó un señor -gigante a sus ojos- Se presentó como Maroto, venía de Alicante. Se subió encima de un banco de la Alameda y comenzó a dar voces llamando a las armas para salvar la República. Varios de sus ayudantes comenzaron a repartir pistolas y escopetas.

Antonio no sabía quien era la República, ni de que la tenían que salvar, pero sus padres sí debían saberlo, porque decidieron volver antes de lo previsto. Echaron a correr con los niños y no pararon hasta llegar al camino de Sierra Nevada, a tres kilómetros del pueblo. A lo lejos se comenzaron a escuchar disparos. Llegaron a casa callados, preocupados, compungidos, con esa congoja que presiona el alma y dificulta respirar. Su madre sujetó un Rosario y rezaba nerviosa. Durmieron todos juntos en la misma habitación, abrazados.

Despertó a la mañana siguiente entre gritos y ladridos de perro. Su madre le susurro: "Antoñito, hijoh, tieneh que ihte" y le abrazó y besó la cabeza. Le había preparado una bolsa de tela con algo de comida. Era el niño "De sus reaños", como ella le llamaba. 

Antoñito soltó un "¡Ojú!" y se fue llorando, corriendo camino de casa de sus primos montaña arriba. Era algo más de una hora andando en pleno julio. A la media hora, por el miedo le fallaban sus esqueléticas piernas y le entró hambre. El mendrugo de pan, áspero y del día anterior, se le atragantó. La cuesta arriba no ayudaba. De repente, apareció un camión bajando la curva, frenó en seco, se bajaron dos hombres uniformados y armados, le golpearon en el pecho sin mediar palabra y le metieron en el camión. Cerró los ojos. 

domingo, 5 de octubre de 2025

Burgo de Osma

La calle principal de Burgo de Osma tiene forma de Ele. Empedrada y peatonal, da primero la bienvenida al visitante por el arco de su muralla, para dar paso a los soportales que quedan a la izquierda de la Catedral. Es para mi de las Catedrales románicas más bellas del mundo, difícil de superar en una población de cinco mil almas y que en el medievo llego a tener cincuenta mil. Estaba pensando esto mientras me cepillaba los dientes, que los dentistas recomiendan se haga tres veces al día, pero que yo no conozco a nadie que lo haga más de dos. Si de por sí es difícil cepillarse a una maroma tres veces en un día - incluyendo pausas sindicales y periodo refractario- siendo este acto algo que da, digamos, mucho gustirrinín, para que iba alguien hacer algo tan aburrido -sea sano o no- tres veces al día. Para apoyar mi tesis hay nutricionistas que recomiendan comer cinco veces al día, y ahí nadie se queja. Los jardines de la entrada, pegados a la muralla, son perfectos para un picnic romántico siempre que la meteorología soriana no haga de las suyas. Hacían de defensa la ciudad y cuando yo era pequeño tenían ciervos que alimentábamos, seguramente con lo que no debíamos. Ya no hay ciervos, el ayuntamiento lo quitó cuando hicieron la autopista. Antes, cuando íbamos al frescor y las playas del norte, la ciudad era un lugar casi obligatorio para degustar todo tipo de recetas micológicas. ahora el Restaurante Palafox es menos conocido pero no menos exquisito, dependiendo principalmente de los clientes del hotel, antigua Universidad de Santa Catalina, donde estudió Gaspar Melchor de Jovellanos, el que hizo la carretera León-Gijón y no se llevo ninguna comisión  (Quizás porque ya era rico cuando accedió al cargo institucional, conociendo España si el no se la llevó quizás fue Godoy) fue un gran jurista que amaba Madrid como lo amamos muchos, incluido Javier Marías que se pillo el despacho al lado de donde el escribía varios siglos antes, frente a la casa de la villa, y a todos los ciudadanos nos daba la sensación que velaba por nuestras almas cuando veíamos la luz encendida en su ventana (escribía de noche) sobre todo cuando volvíamos de recogida, haciéndonos preguntas de madrugada que nadie sabía responder, de esos grandes profesores filósofos frustrados de la Universidad que se convertían en Profesores de cualquier asignatura de Cálculo Infinitesimal o Matemáticas Aplicadas (nunca nos dijeron a que las aplicaban) del tipo ¿Sí se cae un árbol en medio del bosque hace algún ruido? Para luego hablarnos del amor entre funciones. ¿Por qué no se nos enseña a gestionar emociones en el colegio, en vez de estas tonterías? Espero la misma respuesta a esta pregunta que a la del árbol.

domingo, 21 de septiembre de 2025

Otoño

 No sé si por haber nacido en Otoño le tengo un cariño especial a dicha Estación. El crujido de las hojas al pisar el Retiro, las preguntas sin escuchar respuesta, como si fuera un lugar de reunión de matrimonios hablándose desde habitaciones distintas. Los niños se saturan con los diferentes colores y huyen de sus progenitores para inmunizarse vestidos de domingo. También es un cementerio de aquellos que lloran amargamente por el sábado anterior, porque no supieron recogerse a tiempo y se olvidaron de la regla de Madrid, que es universalmente conocida: Nada bueno pasa tras la madrugada. Los turistas devoran churros -que han sido extraídos de una inmersión en aceite reciclado- como si no hubieran comido en su vida. los locales compran libros de segunda, tercera y cuarta mano que jamás leerán, que terminarán apilados en cualquier estantería y que años después volverán al mismo lugar una vez no leídos. Lloré mucho con Patria, pero ya no sé a quien se lo regalé, porque nunca presto libros como no presto novias, tal y como me enseñó mi padre. Hay alguien tan, pero tan cursi que se ha traído un conjunto para hacer picnic -cubiertos, platos y mantel a juego- pensando que resultaría romántico. Madrid no tolera dichos comportamientos y la vajilla será atacada por un ejército de hormigas que no perdonan tal afrenta a sus dominios. El metro que lleva al parque es pequeño y antiguo, casi parece de juguete, pero yo echo de menos los vagones con los asientos de madera, cuando Madrid era un pueblo grande formado por personas de pueblos pequeños y nos asombrábamos al ver a alguien de otra provincia. El Madrid de los cuernos con minifaldas en Las Ventas, donde probablemente ví por primera vez el sexo de una mujer, deseosa de que terminara la faena en el ruedo para empezar la suya. Ahora las invitan a un café, antes las ponían un piso en la calle Alcalá, que era donde terminaba Madrid, todo lo demás era campo hasta llegar a Aragón, como se llamaba la carretera.  Se han perdido las buenas costumbres: Eran doncellas que acababan siendo putas pero no por eso dejaban de ser doncellas, simplemente limpiaban sables distintos según el día de la semana. La emetreinta devorada por el Calderón mientras los aficionados cantaban los goles. Desde el mismo estadio podías ver el atasco al finalizar el partido. Viejos recuerdos que asombran a propios y extraños. 

martes, 2 de septiembre de 2025

Basilea, el exilio español

Basilea tiene tres salidas en su aeropuerto. Una para Francia, otra para Alemania y otra para la propia Suiza, que es más pequeña que las dos anteriores. En realidad el terreno pertenece a Mulhouse, una ciudad francesa que perteneció a Alemania y da servicio a esta ciudad, a la misma Basilea y a Friburgo. La curiosidad es que por la ciudad suiza se escucha hablar español, y no sólo de cuando el Franco Suizo valía catorce pesetas. Había gente que decía que allí se podía trabajar con el inglés, pero se encontraban tremendamente equivocados. Lo que sucede es que allí se habla el dialecto suizo, que resulta ininteligible para los germanoparlantes, provocando a los foráneos que siempre pedimos que repitan la frase en Alto Alemán (alemán neutro) y que terminemos hablando en inglés para evitar favoritismos. Los suizos probablemente sean las personas más prácticas en este sentido del mundo, utilizando el inglés hasta en el parlamento. Un compañero de entonces estaba convencido de este último punto al extremo de llevar dos décadas trabajando para una empresa Suizo Alemana tan sólo con el inglés como lengua de trabajo. La época en la que nos mandaban al país helvético de lunes a jueves coincidió con su ascenso, que asombró a propios y extraños. No lo celebró ni se alegro por ello: Era una persona de poca expresividad y alma un tanto retorcida. En las reuniones en alemán no se enteraba de nada, así que le enseñé varias frases que alternar para aparentar lo contrario: 

"Ja, Ja" (Sí sí)

"Aber natürlich!/Aber ja"  (por supuesto/ pues claro) 

"Diese Idee gefällt uns nicht, sie reicht nicht aus" (esa idea no nos gusta, es insuficiente)

"So ist es" (así es) 

"Ich weiss es nicht. Ich werde meinen Kollegen fragen" (NPI, se lo voy a preguntar al compañero) Esta última era muy útil cuando le preguntaban algo (Los sajones adoran cuando alguien reconoce que no sabe nada de algo. Les da gustirrinín)

Con dichas expresiones básicas estuvo un año entero sin que se enteraran que el hombre sólo sabía inglés. (Igualmente luego mandaban un resumen de la reunión por correo electrónico en varios idiomas, que el leía  avidamente, y nunca sucedía nada interesante) 

Todo se descubrió el día que una compañera le roneó (algo muy habitual para las féminas en esas latitudes) preguntándole si podían verse después para cenar. El respondió que lo iba a consultar con su compañero (o sea, conmigo) lo cual produjo una confusión enorme. La suiza -una rubia de metro ochenta- que estaba deseando preguntarle porque llevaba un colgante con una figura en el cuello y por qué tenía nombre de mujer (Jose María) si era un hombre se quedó con las ganas y se lo tomó como un rechazo. Igualmente explicarle a una calvinista lo que es la Santina y que Asturias era España y el resto tierra conquistada iba más allá de sus conocimientos lingüisticos. Durante varios días pensaron que el y yo eramos algo más que compañeros. Y no entendí por qué hasta que me explicaron lo sucedido. Les aclaré mi heterosexualidad y que esas cosas en España no se suelen hacer, donde tengas la olla..Que tenemos otros lugares de esparcimiento, conocimiento y roneo en general. Rápidamente alguien convocó una reunión para pedirnos disculpas y mi compañero respondió con otra frase aprendida "que era insuficiente", por lo que avergonzados nos ofrecieron una cena en un restaurante caro al lado del río donde degustar la para ellos deliciosa (sic transit) cocina suiza, básicamente carne con champiñones en salsa, a la que se unieron varios españoles que comimos entre risas y ruido, asustando a los otros comensales, incluido un señor que nos pusieron en la silla que quedó libre de la mesa de ocho y que sólo había pedido una triste sopa. Sic transit. 

domingo, 13 de julio de 2025

Kilometraje impuesto

 Majadahonda es un pueblo. No lo digo de manera peyorativa: No tiene suficientes almas para considerarse una ciudad. Los majariegos de toda la vida, que gracias a Radio Televisión Española y la Universidad Complutense pasaron de ser pastores a clase alta décadas después así lo confirman orgullosos, y la prueba quizás más visible es el cuartel de los guardias, sin reformar probablemente desde que se construyó en 1844, rodeado por edificios de ladrillos de alta gama. Allí entró Dani con su abogado para denunciar a su mujer, algo muy normal por estos lares, tanto como rescatar gatos de las copas de los árboles y su correspondiente artículo en el periódico local. Había aparecido el día anterior en mi casa, con la tristeza y el drama que sólo un argentino puede infundir a la vida, explicando que ella le había robado y destruido los pasaportes, para después insultarlo e humillarlo delante de todo el vecindario. No contenta con eso, había mandado cientos de mensajes a todos los contactos de su móvil, incluyendo su contable en Argentina, aquel que le dijo que no podría volver si no pagaba los impuestos más altos del mundo. Huyó en su coche de los domingos, condujo durante una hora sin rumbo y terminó llamando a mi puerta. Despojado de sus documentos y el móvil poco podía hacer. A mi me preocupaba más que superara el kilómetraje impuesto a aquella pieza de museo que había aparcado en la calle como si fuera un utilitario cualquiera. Me dijo que fue hasta Segovia y volvió. Bastante previsible, tanto como las infidelidades a su mujer. Puse los clásicos de Julio Iglesias mientras me contaba como sucedió todo y de la misma manera que al día siguiente la sargento escuchó con seriedad. A mi me costaba aguantarme la risa con ciertos comentarios, ella debía estar acostumbrada. La infidelidad entre las clases altas no motiva dolor por sentimientos, sino pérdida de calidad de vida. El que dirán, que te señalen por la calle, miedo a que vayas a la farmacia del pueblo y te receten calcio para los cuernos. Se sienten desnudos por la calle, la ropa no tapa sus vergüenzas, las gafas de sol no protegen del Astro Rey, los sépalos no protegen a la flor. "¿Está con vos?" me preguntó ella por teléfono "Sí, tranquila, está conmigo" respondí, mientras comíamos algo sencillo. Estuve a punto de decir que su marido había pedido rabo de toro, pero simplemente la dejé hablar, había improperios nuevos hacia su marido desconocidos para mí, como hijo de mil camiones de putas. Yo soy muy visual y costaba imaginarlo. Estoy más acostumbrado al tontos de carritos o hijo de la gran puta con balcones a la calle. Pasamos a los cafés y ella seguía hablando, aunque dejé de prestarle atención al cuarto de hora. Primero porque mi nivel de atención a frases emocionales concatenadas es bastante reducido. Segundo, porque el café era de gran calidad y para mí un momento de paz. 

viernes, 21 de marzo de 2025

Sueños optimistas


"Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay"  (Saramago)


Tengo varios sueños recurrentes, de esos que te despiertan con congoja e impiden volver a dormir por su intensidad y viveza. Últimamente recuperé uno ya olvidado: El del barco de mi padre. Nunca tuvo un barco, pero en Canarias se aficionó a su alquiler para irse de pesca. Solían ser embarcaciones pequeñas y desgastadas que los lugareños alquilaban en la laguna de Arrecife. Pescar era la excusa, nunca el objetivo: Pasar el día, echar la mañana o la tarde haciendo algo distinto y en silencio. En mi sueño siempre aparecemos temprano, lejos de la costa camino de Fuerteventura, con los vientos alisios meciendo la embarcación como si fuera una gigantesca cuna de madera, siendo esto lo único que hace desaparecer el silencio. Aparece mi hijo, pero mi hijo soy yo, mirando a mi padre de vez en cuando mientras lanzo mi caña de bambú una y otra vez, cuando consigo atrapar una mojarra que devuelvo al mar de nuevo. Una manada de delfines comunes pasa por delante de la embarcación, mi hijo grita "¡mira, mira Papá!" y yo le respondo con el gesto de silencio del dedo índice. Su abuelo ni siquiera se inmuta. Está incluso demasiado callado desde que salimos de Puerto, algo que no aparece en mi sueño pero si en mi memoria como un hecho, no ha contado ninguna anécdota de Saramago, ningún comentario sobre Cesar Manrique. Pasamos Püerto del Carmen y mi padre señala los barcos del puerto deportivo, sin decir palabra, como cuando íbamos en carretera e iba señalando castillos, edificios o el vuelo del un halcón peregrino. Oigo la risa de mi hijo por cualquier razón y por ninguna, desde una ráfaga de aire hasta un delfín común que acaba de dar un salto a nuestro lado a investigarnos. Mi padre grita que es un zifio y yo le replico que los zifios, primero, son huidizos y no se ven y segundo están en la Isla del Hierro (tercero no van en manadas) El replica que parece un zifio. Pregúntale a Saramago, le respondí. Saramago respondió que cerraría todos los zoológicos del mundo. No vió un zifio en su vida porque, básicamente, no pasan por aquí. 

El viejo había hecho sandwiches para la mitad de travesía, envueltos en servilletas en una bolsa de pan de molde. Me dió a mi uno y mi hijo dijo okey quitándomelo de la mano. Eran de foie gras, y mordí una esquina como respuesta. Respeta a tu padre, le dije. vi como el viejo negaba con la cabeza. Los tiempos pasan, los gestos pasan de generación en generación. 

sábado, 8 de febrero de 2025

La muerte no es el final

"Viva el vino de mi tierra                   

que a los muertos resucita                

viva la mujer que tiene                     

un novio paracaidista .                      

Un novio paracaidista                      

porque somos los más machos   

que bebemos vino tinto                    

y nos tiramos de lo alto.                   

Nos tiramos de lo alto                      

sin tener miedo a la muerte              

si la seda no se abre              

vaya hostia que te metes"


La segunda vez que vi morir a un compañero fue en salto paracaidista en San Gregorio. En las maniobras de la OTAN Nos tiraban a todos los almogávares a la vez sobre aquel descampado gigante y helado, como si fuéramos caramelos el día de reyes. Los Aviocar iban pasando uno detrás de otro y los paracaidas se iban abriendo segundos después de salir por aquella minúscula puerta lateral de manera automática, mientras unos se cagaban y otros vomitaban. 

El miedo no desaparece con cada salto, el miedo es el salto. 

Una vez abierto, nuestra obligación era disfrutar de las vistas y avisar si veíamos algún compañero con vela romana, por ejemplo.

- ¡CASARRUBIOS! ¡ME CAGO EN TU PADRE! - Grité

- ¡Y yo en el tuyo! - Respondió

-  ¡VELA ROMANA, TIRA DEL DE EMERGENCIA!

- ¿QUÉ?

Efectivamente, el paracaidas se le había abierto sólo parcialmente y aquel enano, manchego y desgraciado iba a morir por la patria y por gilipollas. 

Varios compañeros le hacían gestos pero el miraba la campana y la veía bien, engañado por el efecto óptico y por la corriente térmica que habíamos pillado, que nos arrastraba meciéndonos lentamente hacia delante. A pesar de eso el iba bajando más rápido que nosotros, y cuando se dió cuenta ya era demasiado tarde. Aterrizó tumbado y murió sin sufrir nos dijo el Sargento Bocanegra. No nos sirvió como consuelo. 

El Pater en la misa funeral dijo "Muchos os preguntareís por qué estáis vivos y el no. Para eso no tenemos respuesta. Sólo Dios sabe.." 

si la seda no se abre, vaya hostia que te metes.

Hincamos la rodilla en la consagración y nos apoyamos en el fusil para volver a ponernos de pie. Nunca hincamos las dos rodillas, porque somos caballeros. 

Los primeros días el silencio y la tristeza es lo único que se oía, y se prolongó hasta que el Cariñena hizo efecto en las almas de los suboficiales. El frío tampoco ayudaba.  

A día de hoy sigo llorando al oir la muerte no es el final, cada doce de octubre. Veo a su majestad poner la corona de flores por los caidos por España, escucho la salva de cañones, el raudo vuelo de la patrulla águila, por la muerte de desconocidos que forman parte de mis recuerdos. 


domingo, 24 de noviembre de 2024

La adolescencia malhumorada

 Los adolescentes no están hechos para la sociedad. Tu cuerpo está en casa de tus padres, pero tu mente está muy, muy lejos de allí. En la libertad, en el sueño de formar tu propia familia para amarla. Dónde al salir por la puerta nadie tenga rango suficiente para preguntarte a donde vas ni por qué. Los padres y los hijos son una paradoja sin solución. Generaciones distintas que han vivido hechos distintos, que sienten y aman de manera distinta - Y lo más importante - que se encuentran en un momento vital completamente diferente. Creo que nací un viejo cascarrabias, porque mi sensación es que mi forma de ser y mi comportamiento ha sido lineal durante toda mi vida (es decir, siempre me ha molestado la mayoría de la gente, el nihilismo, la gente vacía me ha puesto de los nervios) pero la verdad es que no era así, porque la experiencia es un grado y porque no hay experiencia vital como tener hijos para darse cuenta que la vida no es como uno se imaginaba, ni siquiera se le acerca, y que uno no es como cree ser. Mi padre decía que la vida se asemejaba a andar por la calle y que saliera un hijo de puta de detrás de un seto a molestar cada dos o tres pasos. No alcancé a comprender el sentido de esa frase hasta que me hice adulto (me hice adulto hace dos años y medio) porque yo desde que comencé la adolescencia odiaba a mis padres por su egoísmo, por no permitirme estudiar una carrera en una privada o el curso de piloto (dos de las cosas a las que mi mente infantil daba importancia en aquel momento, por mi poco conocimiento del mundo) pero Dios y la vida tenía otro destino para mí. Desde que me hice adulto pido perdón a mi padre todos los días al despertar antes siquiera de levantarme de la cama. Que mundo tan hermoso y a la vez tan horrible, pardiez. 

Mi primera novia era mayor que yo, más guapa y obvia decir que iba dos pasos por delante mía en la vida. Cuando enfermé mi padre no sabía ni siquiera que existía, y en aquel tiempo no existían medios de comunicación para avisar sino de teléfono fijo a teléfono fijo. Al tercer día sin saber de mí llamó a la puerta de mi casa. Mi padre primero dijo que yo no vivía allí, por miedo al terrorismo. Luego afirmó que estaba mintiendo porque su hijo no tenía novia, y después la dijo amablemente que se fuera, cerrándole la puerta en las narices (y llamándole de usted) Ella volvió a llamar e iracunda (su estado natural cuando no se hacía lo que ella quería) insistió hasta que consiguió verme.  (Eso es lo que cuenta ella)

A los padres parece importarles mucho que le presenten mucho a sus parejas y a los adolescentes les parece una locura, tanto como que ahora me parece una locura estar bailando a las tres de la mañana y a mi yo adolescente era idea de felicidad (habiendo un buen sofá y un buen libro, mientras mi hijo hace puzzles que necesidad) me avergoncé bastante de mi padre en ese momento (ni sería el último ni el más grave) pero he de reconocer que los padres son de la tierra y los hijos de la luna. Al presentar a alguien le damos la categoría de definitivo, algo que en la adolescencia que no es sino la búsqueda eterna nos parece terrible, porque nos sentimos seres inmortales con ojeras y muchísimo sueños por cumplir. 



viernes, 15 de noviembre de 2024

Badajoz

La oscuridad va atada al silencio y está a su vez a los escalofríos de la espalda. En pocos lugares del mundo se puede alcanzar un silencio casi absoluto, hasta escuchar la vibración del Big Bang, ese zumbido que nos recuerda que el universo está en continua expansión. Trato de dejar la mente libre para activar la máquina del tiempo del cerebro, esa que te muestra recuerdos aleatorios que se encuentran escondidos en una canción, en una imagen o en un objeto. Momentos que perduran, que deseamos borrar pero que persisten en la memoria que nadie sabe donde está. 

Acababa de ser mi cumpleaños. Noviembre no estaba siendo un mes especialmente diferente del resto: Días cortos y grises, personas grises, ir y venir en maniobras simulando una guerra que jamás iba a suceder.

 Un día formamos por la mañana y nos metieron en un camión. De nuevo nos dijeron sólo que era una emergencia nacional. Habíamos escuchado las noticias de Badajoz, pero sonaban lejanas, ruido de fondo de la radio por la mañana. Un compañero que había gastado todo el saldo del mes en un móvil Airtel llamó a su novia sólo para decirle que la quería, como si fuéramos a la guerra. Decía que con el dramatismo la relación mejoraba a su favor, como una declaración de la renta a devolver.

Cuando llegamos a Badajoz el paisaje era, en efecto, todo lo que esperábamos de un escenario de guerra. Al entrar en una de las calles nos recibió una abuela desde el tejado de su casa, de donde se negaba a bajar. En el suelo, lodo, muebles y coches, todo hecho un burruño, como si fuera el cubo de Rubik de un ser maligno. El Arroyo Calamón había comido todo a su paso. Voraz, había destruido una veintena de vidas de las que cuatro seguían sin aparecer.

Nadie quería bajar del camión porque nos dimos cuenta enseguida para qué estábamos allí. Enfundados en nuestros guantes y trajes NBQ empezamos a buscar entre escombros, mientras la abuela en cuestión seguía atrincherada y nos daba indicaciones:

—Por ahí ya han buscado.
—Señora, ya puede bajar, no se preocupe.

Pero no podía bajar. Tenía más de ochenta años y el arma más poderosa que existe, el miedo, la había paralizado.

- Buscad debajo de los pretile - gritó

Efectivamente, un amasijo de ramas y barro estaban ocultos bajo el pretil del puente. Lo movimos entre varios y despejamos las ramas hasta que unos zapatos asomaron. Todos nos echamos para atrás asustados y el silencio apareció en una lengua de viento.





domingo, 6 de octubre de 2024

La Soledad y La Espera

Hay dos cosas que definen al ejército: La soledad y la espera. Te forman para esperar sin dar ningún tipo de explicación y te dejan sólo durante horas en lugares recónditos para que vigiles cosas que -casi siempre- a nadie importan. No es un trabajo para personas que piensan demasiado, cuyos pensamientos van concatenados desde que nacen hasta que mueren, para aquellos cuya mente no descansa. El tiempo pasa inexorablemente y según la misión (lo importante es la misión) puedes llevar reloj o no. Es agobiante y frustrante.

El relevo de acción de combate dentro de una guardia se realiza cada dos horas, a saltos y obligándote a dormir en el cuerpo de guardia abrazado al arma por si fuera necesaria tu intervención. Nos mandaron patrullar, esto es, dos personas dando vueltas por el cuartel armados con dos cargadores, dos fusiles y dos pistolas. En ningún caso podíamos disparar sin ser disparados primero y debíamos pedir el santo y seña y advertir de dicho disparo al atacante. La primera bala, como siempre, la blanca de fogueo.  Mi binomio durante tres años era Gutierrez, creo que ya hable de el, un señor con poco seso, gran envergadura y amante de los cánticos regionales de Extremadura (los binomios se crean por tamaño y peso, no por gustos musicales)

Eran las tres de la mañana y la parte de atrás del cuartel estaba completamente a oscuras, tanto es así que nos obligaba a activar la mirada híbrida del fusil para ver el camino. Gutierrez se cansó e hizo trampas, activando una varilla luminosa. 

El Puto de Gutierrez cantaba:

"La Virgen de Guadalupe,
Es morena y muy bonita,
Por esos a las extremeñas,
Nos gusta ser morenitas,
Por esos a las extremeñas,
Nos gusta ser morenitas"

- ¡Calla Gutierrez, coño! ¿Has oido eso? 

- Será un gato - respondió. 

- Un gato. Un cojón de mico - Gutierrez siguió cantando:

"No quieras, para casarte,
Un novio de muchas perras,
Más te vale un extremeño,
Que sepa labrar la tierra.
Más te vale un extremeño,
Que sepa labrar la tierra"

De repente paró de cantar, se quedó quieto, cerró la mano derecha y elevó el brazo. o se había vuelto comunista o había oido algo. Se tocó la oreja, giró la cabeza para que mirara y empezó a temblar (la subida de adrenalina es algo espectacular en estos casos) había alguien subiendo la verja, completamente vestido de negro y con pasamontañas. 

- SANTO Y SEÑA - Gritó, sin obtener respuesta y sin dejar de temblar- ¡Santo y seña o disparo!

Me cabreó. Primero porque el Santo y Seña lo tenía que pedir yo, porque soy más antiguo. Segundo porque este hombre era tan imbécil como capaz de disparar (como se comprobó más adelante)

Cargué la primera bala, que no sirve para nada, pero por civismo, como reciclar. 

- Será un gato - dijo Gutierrez, que tendía a imaginar cosas debido a las sustancias psicotrópicas a las que era aficionado - Un gato subiendo la valla, jiji - acompañó su comentario de una risa burlona, probablemente estaba en su mundo viendo unicornios. 

Gutierrez era una caja de sorpresas y le costaba cumplir órdenes, y digo le costaba porque su coeficiente intelectual apenas superaba el 70. Generalmente hacía lo que le salía de los genitales, con la seguridad que da la ignorancia y la completa y absoluta carencia de sentido común, aplicable incluso a su propia existencia. Por eso no me sorprendí cuando sacó el cargador del fusil, metió otro (no sin previo golpeo en el casco) cargó y disparó en dirección al "gato" varios metros hacia la derecha, con el fusil en la cadera. El animal que se identificaba como persona se quedó quieto de repente, asustado pero no maulló, antes bien grito un "¡No disparéis, no disparéis, me cago en mi vida!" mientras por la radio oíamos un grito "¿QUE COJONES HA SIDO ESO?" 

Apuntamos al gato identificado como persona, y mientras esta lloraba de rodillas y no paraba de porfiar, contesté por radio "Gutierrez, mi sargento" y ví como se encendía la luz del cuerpo de guardia donde dormía el Oficial. Ahora sí que estamos jodidos, Gutierrez. De esta nos mandan a pelar patatas a regulares de Melilla. Gutierrez se limitó a encogerse de hombros. 

El oficial de guardia -En riguroso pijama verde con la cruz de Santiago- se adelantó al sargento de guardia, descalzo y cabreado. Ni siquiera preguntó, directamente le dió una patada al que estaba de rodillas y le quitó el pasamontañas. 

- No me jodas, ¡NO ME JODAS! 

Era un compañero que había llegado tarde y que no quería entrar por el cuerpo de guardia e identificarse. 

A Gutierrez y a mí nos dieron dos días de permiso por nuestra valiente actuación, por lo que podía haber sido y no fue. 

martes, 2 de julio de 2024

Trillo, año cero

Ibamos enfundados en un traje NBQ para Trillo por una emergencia. Alguien había traspasado la valla, estaba dentro del perímetro y se sospechaba de tres individuos. El viaje se me hizo eterno en una noche cerrada de agosto. Había ganado algo de peso después de los tres meses de instrucción. La jura de la bandera -en la que fui nombrado caballero legionario paracaidista, almogavar, por la reina Sofía- junto con otros trescientos desgraciados me parecía lejana ya. Me pesaba el uniforme, el fusil, me pesaba hasta el alma, que es lo que más pesa cuando no sabes que coño haces en un sitio. El camión nos llevaba, sin asientos, como en una película de guerra. De pronto comenzó a evitar los baches de la comarcal. Nos estábamos acercando al enemigo, al lugar del combate. 

Qué enemigo ni que cuatro hostias. Probablemente serían tres adolescentes borrachos, decía radio macuto, diez tonterías por minuto. "Si son etarras les meteré el fusil por el culo" decía otro compañero. Con esta tropa y algunos más tontos aún nos dirigíamos al objetivo. "¡5 minutos, poneos los filtros!" enroscamos los filtros en la máscara. Colocamos la bayoneta en el fusil, como si fuéramos soldados de los tercios. 


ES-PA-ÑA


El camión se detuvo. "¡Bajad Nenazas!" 

Bajamos del camión con más miedo que vergüenza. En la noche, todos los gatos son pardos -Seguimos al sargento, al que reconocíamos sólo por la altura y las tres rayas amarillas fosforecentes- cagados de miedo. Metimos los cargadores en el fusil. La primera bala, la blanca de fogeo brillaba a la escasa luz de los focos de la entrada. 

- Dais el alto e informaís. No dispareís si no os disparan primero. 

De primero de reglas de enfrentamiento con terroristas.. O con borrachos de Guadalajara, a los que me imagino diciendo "¿Bolo, A que no tienes huevos a entrar a la central?" "¿Cómo? ¿Que no tengo qué?" 

Como segunda opción, en plena amenaza terrorista, parlamentar con un loco que había entrado, probablemente armado, en una central nuclear y esperar que entrara en razón sonaba un poco extraño. Más aún si eran varios. 

Patrullamos en parejas escoltados por un patrol de la civil que andaba despacito y cuyo motor nos anunciaba. De repente el coche giró y se dió la vuelta. Bajó la ventanilla "Seguid todo recto y cuando se termine el camino, volved despacio" asentimos con la cabeza, algo completamente inútil por el equipamiento y la oscuridad. Gritamos a sus órdenes y seguimos andando. Bajé el visor híbrido y la noche se volvió verde en distintas tonalidades. El compañero me tocó el hombro "Te sigo" me dijo. No te jode, a donde vas a ir sino. Avanzamos, y de repente se escucharon unos ruidos. Rápidamente nos tiramos al suelo. Gutierrez era mi binomio. Media algo más que yo y era tonto a las finas hierbas. Pocos meses después, de vuelta de misión internacional sería examinado por el CSN en el Gomez Ulla y lo mandarían para su pueblo con el doscientos por cien del sueldo. No le arriendo la ganancia. 

De nuevo, ruidos entre la maleza. Algo se estaba arrastrando, huyendo de nosotros y de nuestros visores nocturnos Made In China y ensamblados en los Estados Juntitos. Escuché el clac-clac del fusil de Gutierrez. Había metido la bala de fogeo y estaba apuntando Dios sabe a qué. 

- ¿QUE COJONES HACES GUTIERREZ? 

- Está por ahí - Dijo, sin dejar de apuntar a la derecha del camino. - ALTO O DISPARO - Gritó como una exhalación. Gutierrez es de los que cuando nos hicieron elegir en la prueba psicológica entre un poema o un fusil eligió el fusil. Disparó la de fogueo y dos o tres veces más las standard OTAN. Las que hieren pero no matan, tal y como pedían los acuerdos de Ginebra. Un aullido de dolor ahogado quebró la noche. 

El Sargento Bocanegra llegó corriendo (era maratoniano) y con su acento melillense gritó:

- ¡Gutierrez, cenutrio! ¡Le has dado a un pobre zorro, carcamal! 

Gutierrez se quedó en silencio en primer tiempo de saludo mientras la especie protegida moría a sus pies, esperando una colleja que se convirtió en un golpe del sargento con la culata del fusil.  

martes, 12 de marzo de 2024

El novelista del metro

Es media tarde y regreso de un domingo apacible con mi hijo, al que, emulando al gran Garcia Marquez he llevado a conocer el hielo. El pueblo sobre el que realizamos el recorrido, que termina en una dehesa con un famoso restaurante apenas sumaba un millar de almas cuando mi padre me llevo por primera vez, y ahora son siete mil, incluyendo una estación con un tren cremallera de la posguerra cuyos billetes hay que comprar con días de antelación porque se llenan en épocas de nieve. El truco de los lugareños, de los madrileños que no existimos -nadie es de Madrid pero todos lo somos- Es no subir a la frontera con Castilla, cuyo cupo máximo es de diez mil personas y como si fuera la playa de Poniente en un Benidorm cualquiera de agosto, se pone impracticable, y quedarse en la plataforma. Mi hijo al principio asustado ha tratado de comerse los copos que caían y -como si hubiera vivido en Laponia toda la vida- se tiró al suelo moviendo los brazos, dejándose llevar por las rachas de tiempo de dirección variable, los mini torbellinos y los vientos huracanados. Ha esquivado con estilo los trineos que caían a toda velocidad con dos niños o tres ladera abajo mientras la guardia civil hacía caso omiso de la superación de velocidad máxima en poblado de tales artefactos y se convertían en aparcacoches improvisados de algun urbanita al que el día que fue a comprar el coche no le enseñaron la diferencia entre un todo camino y un todo terreno y no consigue sacar el vehículo del aparcamiento. Veo que es un sargento algo mayor, me cuadro y le pregunto que tal el servicio. Me dice que no me confíe, que esos niños no son sino bárbaros con gorritos de colores que atacan con bolas de nieve sin previo aviso y realizan emboscadas que ni la legión. Agradezco la advertencia, taconazo y al restaurante, que el chuletón de Ávila no se come solo ¡Vive Dios! Ya después si eso seguimos con la nieve después del postre y el café. Lo dicho, volvíamos de un domingo con el niño exhausto, dormido bajo los rayos de luz del atardecer y el traqueteo del tren, cruzando los dominios del coto de caza de su majestad el rey por el único camino que lo parte en dos y que jamás conocerá la prometida autopista paralela que cerraría la M-40 por el noroeste porque vaya usted a saber por qué y de repente aparece un señor con un montón de libritos en la mano. Se identifica a voces como escritor y peruano, vendiendo su libro a dos Euros. Me emociona como describe la historia de su vida -que es la del libro- y le doy tres Euros por falta de cambio. Emocionado, me pregunta el nombre y me lo dedica. Sigue su camino y en el trayecto vende una decena de libros, aunque nadie le da dos Euros: Tiene la mirada limpia, y los que creen en si mismos siempre reciben más de lo que dan. Queda media hora de trayecto y me engancho a su historia, que es la de tantos otros que huyen de la miseria. Vuelvo a leer la dedicatoria: "Hugo Mandamiento, Fe que tendrás éxito"

sábado, 27 de enero de 2024

Luz

Las palabras se marcaban en la taza de café, resonaban como si fuera un altavoz no articulado. Julián estaba fuera de sí, con el enfado de alguien que lo ha vivido todo, del que tiene los hijos ya adultos y el mundo le da un poco igual o quizás no. 

- ¿Pero has visto? ¡Que vergüenza!

Iba como siempre con su carpeta con documentos del banco, vestido como si fuese el presidente del Real Madrid. Diez minutos antes me había hecho gestos para que entrara en la cafetería repleta de madrugadores involuntarios. Al sentarme le señalé la mano y me contó que le había mordido un perro. Tiene fobia a los perros y el animal -Un perro lobo checo bien conocido- le mordió. No hizo falta que le preguntara que había sucedido, el me lo contó ipso facto, escupiendo las palabras como si fueran una maldición y subiendo o bajando el tono cada vez que decía "Escucha" mientras señalaba con el dedo índice hacia arriba, no sé si advirtiéndome de una intervención divina por nuestros actos. 

- Si es que ¡Ya está todo el pescado vendido! ¡Y quieren hacernos creer que están inventando la rueda joder! 

Y no queda más remedio que asentir con la cabeza, mientras asentía al ofrecimiento de otra taza de café americano que humeaba en la oscuridad de la mañana. La luz del café era tenue, como para que el despertar de la realidad del día mientras ponen las calles nos resultara suave, como si el mundo nos fuera a lastimar por existir. 

- Es que no escuchan, ¡Ya no escuchan! 

Y era cierto que así era, la juventud de ahora no escucha, no como la de antes, que era todo oidos, obediente y no contestataria. Lo único que había mejorado desde su juventud era el Real Madrid, gracias a Dios. El, que le rezaba hace dos semanas a Vinicius ahora le reza a Bellingham. 

Obvié que el dueño del perro era vecino mío y que tenía además dos animales más, bastante grandes, probablemente adoptados, que juegan con mi hijo que no les tiene miedo. Cuando más grande es el perro, más se acerca mi hijo, que incluso se intenta montar como si fuera su bicicleta de juguete. 

El país está hecho un desastre, pero mientras los niños sigan jugando con los perros, todo irá bien. 

viernes, 1 de diciembre de 2023

Uniforme marrón

Mi padre tenía una máxima que yo repito: Los fines de semana son para los hijos. Esto quiere decir que allá donde iba, me llevaba, literalmente. Era un sábado por la mañana y mi padre comenzó a aparcar en la calle Fuencarral (hoy peatonal) para ir al Banco de Bilbao (hoy BBVA) a sacar Pesetas (hoy Euros) desde ventanilla y mediante cheques al portador (los tiempos cambian una barbaridad) 

De repente, nos dieron un topetazo por detrás. Así, sin más. Mi padre miró por el retrovisor sin entender nada. A mi se me erizaron todos los pelos del cuerpo, presentí el peligro. Empezó, pero no llego a terminar la frase "¿Qué cojones?" En un segundo el conductor de atrás había salido del coche, había roto el cristal y le estaba agarrando por el cuello. Mientras mi padre se ahogaba y dirigía su mirada unos instantes hacia mí, yo con mis seis años le miraba asustado y triste. Grité algo ininteligible. De alguna manera, consiguió zafarse, golpeó la puerta para salir y comenzó a darle puñetazos en la caja torácica a los que el agresor no reaccionaba, porque tenía más droga encima que sangre. La policía que estaba cercana al Tribunal de Cuentas ya había dado el aviso y aparecieron dos Talbot Horizon, separando a mi padre y al agresor. Hicieron falta varios agentes para sujetar al individuo, que debía medir metro noventa, pesar más de 100 kg. y solo gruñía. Acabamos en comisaria, yo sentado en la entrada mientras tomaban declaración a todos. Una agente me trajo un chocolate caliente, me preguntó que como estaba, me dijo que mi padre había sido muy valiente. Mi padre ya había sacado la identificación y el oficial del puesto se había puesto, valga la redundancia, a sus órdenes. Era un España distinta, donde la palabra parecía aún tener algo de valor. Sobre todo porque todos los testigos más o menos relataron lo mismo. El Oficial del puesto se rascó la cabeza y el bigote y mandó llamar a otro agente mientras mi padre seguía declarando. 

-..Sino respondo, me mata- termino de relatar mi padre. 
- Soluciónalo rapidito compañero, que quiero llegar a casa a comer- dijo el Oficial.
- A sus órdenes.  

De lejos se escucharon los chillidos del individuo mientras salíamos, y no era sólo porque se le estaba pasando la medicación. 

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Alicante y sus farmacias

Que estaba en Alicante de vacaciones no era de casualidad, sino por ser un lugar distinto y distante donde habitan grandes amistades mías. Mi última estancia fue diez años antes por un evento profesional al que tenía que asistir y vi a la ciudad igual, con esa vocación mixta de culturas que a su vez reservan kilómetros de litoral para los madrileños (hasta la fecha, es el único lugar donde me encuentro a gente de Madrid caminando por el paseo marítimo como si fuera la Gran Vía, siempre gente que me reconoce a medias de alguna cosa, generalmente mientras pasean al perro o con los niños, me preguntan si sigo en el mismo sitio, les respondo que no -aunque no sé que sitio erá ese- que ya estoy en otro, que soy culo de mal asiento, que la vida me intenta estabilizar pero yo soy más rápido. Entonces sueltan un detalle o anécdota en común a sus mujeres,"Hace tablas dinámicas rapidísimo" que generalmente me permiten ubicar el recuerdo en mi memoria y sonreír agradecido y educado a tal alabanza a mi persona. 

En este caso en concreto no tenía ni puta idea de quien era este señor, que además se me hacía un poquito brasas, porque parecía conocerme de toda la vida según le explicaba a la parienta. Parecía un yonqui rehabilitado sin éxito, con una camisa hawaiana horrible, bañador y alpargatas con la bandera de Brasil a juego. La mujer era una segunda esposa seguro y el niño no era de él, aunque los dos estaban pasando más vergüenza que yo y sonreían con los dientes apretados. En Madrid funciona un "me alegro de verte" y un golpecito en el hombro para librarse de alguien, se ve que es algo propio de la comunidad, por no pagar impuesto de patrimonio o algo, vaya usted a saber, pero se ve que aquí no, porque el señor seguía forzando la conversación entusiasmado. Así que dejé de hablar y me fuí yendo a la vez que lo acompañaba de un saludo de muñeca como si perteneciera a la realeza y medio guiñando los ojos con una sonrisa. Esto en Madrid lo llamamos hacer mutis por el foro. Dejé a mi interlocutor con la palabra en la boca, hasta que su mujer lo redireccionó y continuaron el paseo. Tenía cierta urgencia en ir a la farmacia porque días antes me había picado una araña, la picadura se había complicado bastante y tuve que usar los servicios médicos alicantinos (más acostumbrados a cosas así de lo que podía imaginar, y francamente muy profesionales) así que me puse en la cola de una de la calle mayor, que parecía tan antigua que más que farmaceúticos tendría boticarios. Justo segundos antes de ser atendido,  me adelantó por la izquierda una señora de aproximadamente mil quinientos años como si de un fórmula 1 se tratara y soltó un "Buenos días, dame [nombre de medicamento ininteligible]" a lo que la profesional de atención al cliente respondió de manera automática "s'ha colat" por lo bajini. 

- Señora, disculpe, se ha colado - Repetí yo, por si no lo había oido.   
- ¿QUE DICES? ¿QUE ME HE COLADO? ¿ESTÁS LOCO? - chilló. 
- Sí a las dos - le contesté yo, por abreviar. 

Su griterió continuó y exigió ser atendida, a lo que la farmacéutica me miró con cara de susto y yo le hice un gesto madrileño de agilización de tráfico y elección de batallas, llamado "Tiramillas". Lo entendió, que para eso es una profesional en atención al cliente, pero de repente alguién detrás mía gritó:
" ¡PERO SEÑORA, QUE SE HA COLADO! " Era el brasas del paseo marítimo, a lo que su señora añadió "¡PERO QUE VERGÜENZA! ¡SINVERGÜENZA!" y se lío la de Dios, lo que aproveché para ser atendido. 

Quien tiene un amigo tiene un tesoro, aunque a día de hoy no se como se llama. 

jueves, 16 de noviembre de 2023

El Libro Guiness de los Records

Me miré las manos y las giré para verlas bien. De pronto, en mi campo visual apareció una cara familiar: Era mi amigo David. "Bienvenido" me dijo. Nos sentamos en nuestras sillas minúsculas para ver los hermanos Marx en el Oeste. Sin saberlo, acababa de tomar conciencia de mí mismo. David y yo eramos los gigantes de la clase, sacábamos una cabeza al resto, teníamos que ver las películas desde atrás. Algo extraño cambió ese día de otoño de 1982, porque el programa de repente cambió y empezaron a enseñarnos cartulinas con dibujos de objetos. Ambos pronunciamos las palabras de manera seguida: "Manzana, Elefante.." mientras el resto leía sílaba a sílaba. David y yo nos mirábamos orgullosos, como si hubiéramos descifrado el código de un tesoro. A los que leíamos más rápido nos apartaron a otra sala de la guardería. No era porque fuéramos más inteligentes, sino porque los que leían más lento a menudo reaccionaban de manera violenta. Nadie daba por aquel entonces importancia al comportamiento de un niño de cuatro años ni a su tolerancia a la frustración, consecuencias que de manera empírica se demostraron años después, sino de controlar que los niños no se pegaran entre sí. Cuando un niño de esa edad tiene un juguete y otro lo quiere no hay negociación posible: El cerebro primitivo está activado y hay una lucha por posición, gana el más fuerte. Pero la naturaleza no nos preparó para una frustración por intelecto, y eso provoca rabietas por incomprensión que derivan en violencia. Años después, David y yo nos encontrábamos en segundo de primaria, en clases de entonces 40 niños y siendo odiados por el grupo de energúmenos correspondiente. Se repitió la situación: Nos atacaban a la mínima ocasión. Por la misma razón nos marginaban en los partidos de fútbol del recreo, así que creamos juegos entre nosotros, con canicas o clics de famobil que traíamos escondidas en la mochila. Jugábamos a sumar y a restar y a la telepatía: Uno pensaba un número y otro tenía que acercarse lo máximo a ese número. Un día, con el patio impracticable por el tiempo, nos obligaron a pasar el recreo en el aula, así que intentamos jugar al ajedrez. El cabecilla de los acosadores (hoy en la cárcel por asesinato: Se chocó en la entrada de una calle y, al ver el estado de su coche, mató al conductor contrario. Su segundo llegó a política, no es broma) nos tiró todas las fichas y empujó a David, tirándolo al suelo. Intentaron pegarme a mí, y mi respuesta de defensa fue darle con un libro en la cara. Era un libro grande e ilustrado a todo color de los record Guiness, y esa era la señal que aquel simio estúpido necesitaba para atacar. Gritó un "A por él" así que empecé a parar golpes de su media docena de palmeros mientras me acorralaban en una esquina, hasta que volvió la profesora. A los alborotadores les cayeron 15 días en su casa (demasiados testigos) y a David y a mí nos cambiaron de clase. Mi padre como respuesta me apuntó a extraescolares de Kárate, con la máxima de no usarlo sino me atacaban primero. Todo se solucionó antes, pues meses después nos hicieron los test de inteligencia y a ambos nos adelantaron un curso. No tuve que usar nunca las artes marciales para defenderme, pero siempre es bueno saber hacerlo. Por eso cuando años después ley a Maquiavelo no dejaba de asentir con la cabeza: Pocos han vivido la maldad tan de cerca y sabe de que son capaces los hombres.

jueves, 2 de noviembre de 2023

Celestino sin querer, el matrimonio como destino

"...Y por eso te quería preguntar a tí, a ver que opinas" Y esta frase me sonó a lo de siempre, a ponerme en medio de dos personas que se aman pero no se atreven a mostrar sus sentimientos, a ejercer de celestino una vez más. La soledad es un castillo oscuro y lúgubre, un lugar horrible, y hay gente que con tal de evitarla espera con las personas equivocadas hasta que aparece la correcta. Al menos ella había dejado claro a su actual pareja que no lo quería. El, argentino y quince años mayor que ella, ya le había hablado de sentimientos. Pobre hombre. La mujer te tiene que admirar primero para quererte, y eso va por no mostrar tus cartas nunca. "Pues yo que sé" Contesté "Amar es un estado de imbecilidad transitoria, ya lo decía Ortega y Gasset, es algo que no tiene no ha de tener sentido para tener sentido. Mientras le ames de verdad y no porque es una fruta prohibida -porque él esta casado y eso son palabras mayores- todo irá bien"

A lo largo de mi vida, Sin querer he ayudado en la creación de varias parejas que luego han acabado en matrimonio: La más sonada provoco un divorcio y un matrimonio años después. Cómico y ridículo. Y esta iba por el mismo camino: Dos amigos míos que dejan a sus parejas para estar juntos. No es lo mismo enamorarse con 17 que con 47, hay gente que no evoluciona de la misma manera y que no quiere las mismas cosas, o, simplemente ha aprendido que la pareja funciona mientras la mujer sienta que hay más sexo que discusiones. Y para eso el hombre ha de mostrar que desea. Eso entre otras mil cosas, porque las relaciones humanas son más complejas que una declaración de hacienda. Me muestran como se hacen promesas de amor de madrugada, a dos mil kilómetros de distancia uno del otro. Quizás me equivoque pero no le veo mucho recorrido, ella tan arraigada a su tierra -pues nunca vivió en otro sitio- y el tan Bruselense, que es como decir de todos y de ninguno. Pero se amaban, sin duda, porque se halagaban sin confesar amor. He ahí la clave: El tirando del sedal y ella picando o al revés, pero sin entrar al trapo de las palabras. 

lunes, 23 de octubre de 2023

Panadería, política y animales

Era la cola del pan de las doce del mediodía del sábado 13 de marzo de 2004. La panadería era la única en kilómetros a la redonda y la cola daba literalmente la vuelta al edificio. El producto no era especialmente de buena calidad, pero era pan al fin y al cabo, y los madrileños hacemos los domingos las mismas cosas a la misma hora, que diría Larra: Comprar el periódico, envolver la barra con el mismo y al vermut. La única diferencia es que era sábado electoral, y los ánimos estaban alterados. A varios nos llegó un SMS al móvil a la vez: "¿Aznar de rositas? ¿Lo llaman jornada de reflexión y Urdaci trabajando? Hoy 13M, a las 18h. Sede PP, c/Génova 13. Sin partidos. Silencio por la verdad. ¡Pásalo!" El efecto fue inmediato, la cola se movió como una serpiente, algunos se fueron rápidamente, sobre todo los más jóvenes. Dentro de la panadería se empezaron a escuchar voces de enfrentamiento que fueron subiendo de tono, tanto es así la cola se fue acortando, pero sin pan. Al entrar en el local un señor mayor alzaba la voz contra otro más joven "ETA ya lo había intentado antes" y el otro respondía que no había sido ETA, una y otra vez. Yo, que días antes había vuelto a vestir uniforme de manera excepcional (y que ya no volvería a hacerlo nunca más en mi vida) me limité a decir: "Caballeros, por favor, envainen o llamo a la BESCAM". A lo que el hombre más joven respondió "Por mi como si llamas a tu puta madre. Eso, eso, llama a los cachorros de vuestra Aguirre querida, facha". Se mezclaron más voces a favor y en contra, y de repente la panadera (autónoma) pegó un chillido. "Señora, no es para tanto" respondió el energúmeno.  

Un ratón, ajeno al jolgorio erótico-festivo estaba intentando salir por la puerta automática con un mendrugo de pan aproximadamente del mismo tamaño que su cabeza. El enfrentamiento político se frenó en seco, entre expresiones de asco y gritos ahogados de miedo.  El señor mayor pidió una escoba para matarlo, pero el ratón ya había huido. Todo el mundo abandonó el local salvo los dos enfrentados, un servidor y la autónoma, que llevaba desde las 4 de la mañana haciendo pan e iba a perder la caja del día. Su miedo se transformó en angustia, se volvió roja mientras lloraba y acabó desmayándose. La BESCAM llegó al momento exacto para pedir una ambulancia -que ya estaba pedida- y sacar la libreta.