El camión paró delante de un barracón. Al ver que no bajaba del camión -agazapado y aún con dolores en el abdomen- tres legionarios bajaron a Antoñito del camión en volandas y lo tiraron al suelo. El lugar era bastante oscuro, apenas entraba luz y estaba mal ventilado. Continuamente se oían quejidos y gritos, como si fuera un lugar donde se expiaban todos los pecados del mundo.
Alguién le gritó que se acercara.
Abrió los ojos y al fondo vio a un sargento con el pecho descubierto sentado en una silla, tomando notas sobre un pupitre de colegio. Volvió a gritarle. Antoñito se levantó como pudo y arrastrándose más que andando llegó hasta el pupitre.
- ¿Nombre? - Preguntó, con un fuerte acento de Sevilla.
- Antonio.
El sargento apuntó el nombre. Acto seguido se levantó rápidamente y le soltó un manotazo en la cara a Antoñito con tanta fuerza que este cayó al suelo, llorando.
- Bienvenido a la legión, "granaino".
Horas después le entregaron el petate con el uniforme, cinco calzoncillos, cinco calcetines y un fusil Mauser. A Antoñito -que sólo había disparado antes con carabinas Spencer al tiro al pichón en casa de algún señorito- Le intentaron comprar los cinco calzoncillos mediante trueques. El no entendía nada, así que se mantenía callado todo el tiempo y sólo hacia caso a los mandos. La formación para llevarlos al frente duró exactamente dos días: Básicamente les enseñaron a desmontar y montar el Mauser y a tirarse al suelo para que no les dieran. Sólo descansaban para dormir y comer, donde Antoñito disfrutaba de los platos de cuchara. Decían que en el bando republicano apenas comían, mientras ellos disfrutaba de las "lentejas de la victoria" como las llamaban, de dos comidas al día (y a menudo podían repetir)
En su mesa siempre se sentaba un chico que llamaban "El filipino". Era muy gordo y grande y caminaba encorvado como un oso. tenía rasgos claramente asiáticos.
- Tú - le señaló con el dedo índice - ¿De donde eres?
- De Granada.
- Yo de "Jeré" Mucho andaluz por aquí.
Le contó su historia en corto: Su abuelo era un miembro de batallón de cazadores número dos, oriundo de Jerez que se enamoró de una filipina y que volvió a España en 1899.
España, siempre a la gresca.