lunes, 23 de marzo de 2026

Bienvenido a la Legión

El camión paró delante de un barracón. Al ver que no bajaba del camión -agazapado y aún con dolores en el abdomen- tres legionarios bajaron a Antoñito del camión en volandas y lo tiraron al suelo. El lugar era bastante oscuro, apenas entraba luz y estaba mal ventilado. Continuamente se oían quejidos y gritos, como si fuera un lugar donde se expiaban todos los pecados del mundo. 

Alguién le gritó que se acercara. 

Abrió los ojos y al fondo vio a un sargento con el pecho descubierto sentado en una silla, tomando notas sobre un pupitre de colegio. Volvió a gritarle.  Antoñito se levantó como pudo y arrastrándose más que andando llegó hasta el pupitre. 

- ¿Nombre? - Preguntó, con un fuerte acento de Sevilla. 

- Antonio. 

El sargento apuntó el nombre. Acto seguido se levantó rápidamente y le soltó un manotazo en la cara a Antoñito con tanta fuerza que este cayó al suelo, llorando. 

- Bienvenido a la legión, "granaino". 

Horas después le entregaron el petate con el uniforme, cinco calzoncillos, cinco calcetines y un fusil Mauser.  A Antoñito -que sólo había disparado antes con carabinas Spencer al tiro al pichón en casa de algún señorito- Le intentaron comprar los cinco calzoncillos mediante trueques. El no entendía nada, así que se mantenía callado todo el tiempo y sólo hacia caso a los mandos. La formación para llevarlos al frente duró exactamente dos días: Básicamente les enseñaron a desmontar y montar el Mauser y a tirarse al suelo para que no les dieran.  Sólo descansaban para dormir y comer, donde Antoñito disfrutaba de los platos de cuchara. Decían que en el bando republicano apenas comían, mientras ellos disfrutaba de las "lentejas de la victoria" como las llamaban, de dos comidas al día (y a menudo podían repetir)

En su mesa siempre se sentaba un chico que llamaban "El filipino". Era muy gordo y grande y caminaba encorvado como un oso. tenía rasgos claramente asiáticos. 

- Tú - le señaló con el dedo índice - ¿De donde eres? 

- De Granada. 

- Yo de "Jeré" Mucho andaluz por aquí. 

Le contó su historia en corto: Su abuelo era un miembro de batallón de cazadores número dos, oriundo de Jerez que se enamoró de una filipina y que volvió a España en 1899. 

España, siempre a la gresca. 

jueves, 12 de febrero de 2026

Lo impensable a Caballo

La casa de mis abuelos se hallaba sobre un antiguo terreno agrícola. La vivienda principal se había construido en una noche, a medio camino de la Base Americana de Rota. El bosquejo de construcción había sido realizado sobre papel Galgo por mi abuela. La puerta principal daba a la antigua carretera de Sanlúcar De Barrameda, la de detrás a un camino. Como mi abuela plantó Petunias, limoneros y geranios en la parte de atrás -pues daba todo el día el Sol- Obligó a mi abuelo a mantener al caballo en el lado de aquella primitiva carretera, lo cual provocaba el nerviosismo del animal cuando pasaba algún vehículo, sobre todo convoys militares. Antonio iba todas las mañanas a trabajar de frigorista a la Base militar, seis kilómetros a trote sobre aquel lusitano que suponían su mejor momento del día.  Había un montículo antes de girar a la izquierda desde donde aún hoy se divisan los aviones y barcos a lo lejos entre la niebla de la comarca de la Janda. Aquel era el lugar y el instante donde los recuerdos se agolpaban, sin sentido. Apareciendo en su mente como un fantasma con asuntos pendientes. 

                    *           *            *
 
Habían acabado las clases en el colegio de Jun, una pequeña pedanía de Granada de menos de quinientos habitantes. Antonio conocía casi todos: Desde el párroco de la iglesia de la concepción hasta el profesor de la escuela pasando por la pareja de guardia civiles que paseaban por el pueblo. Un fotógrafo había llamado a su puerta días antes para entregar la foto del colegio, donde se podía distinguir a aquel mozalbete rubio de ojos azules, más bien delgaducho, con mirada desafiante, más alto que otros niños. En ese pueblo vivían desde hacia varias generaciones, sus abuelos, sus padres, sus primos, sus hermanos. A veces bajaban de excursión a la ciudad, a la que llegaban bajando por el camino de Sierra Nevada en un periquete. En la Alameda montaban un pequeño Carrusel y una máquina de helados que eran la delicia de grandes y pequeños. 

Aquel sábado era distinto. Se escuchaban voces de preocupación, las mujeres lloraban desconsoladas. Un periódico era leído en alto mientras varios escuchaban, preocupados. De repente pasó un camión militar, del cual bajó un señor -gigante a sus ojos- Se presentó como Maroto, venía de Alicante. Se subió encima de un banco de la Alameda y comenzó a dar voces llamando a las armas para salvar la República. Varios de sus ayudantes comenzaron a repartir pistolas y escopetas.

Antonio no sabía quien era la República, ni de que la tenían que salvar, pero sus padres sí debían saberlo, porque decidieron volver antes de lo previsto. Echaron a correr con los niños y no pararon hasta llegar al camino de Sierra Nevada, a tres kilómetros del pueblo. A lo lejos se comenzaron a escuchar disparos. Llegaron a casa callados, preocupados, compungidos, con esa congoja que presiona el alma y dificulta respirar. Su madre sujetó un Rosario y rezaba nerviosa. Durmieron todos juntos en la misma habitación, abrazados.

Despertó a la mañana siguiente entre gritos y ladridos de perro. Su madre le susurro: "Antoñito, hijoh, tieneh que ihte" y le abrazó y besó la cabeza. Le había preparado una bolsa de tela con algo de comida. Era el niño "De sus reaños", como ella le llamaba. 

Antoñito soltó un "¡Ojú!" y se fue llorando, corriendo camino de casa de sus primos montaña arriba. Era algo más de una hora andando en pleno julio. A la media hora, por el miedo le fallaban sus esqueléticas piernas y le entró hambre. El mendrugo de pan, áspero y del día anterior, se le atragantó. La cuesta arriba no ayudaba. De repente, apareció un camión bajando la curva, frenó en seco, se bajaron dos hombres uniformados y armados, le golpearon en el pecho sin mediar palabra y le metieron en el camión. Cerró los ojos. 

domingo, 5 de octubre de 2025

Burgo de Osma

La calle principal de Burgo de Osma tiene forma de Ele. Empedrada y peatonal, da primero la bienvenida al visitante por el arco de su muralla, para dar paso a los soportales que quedan a la izquierda de la Catedral. Es para mi de las Catedrales románicas más bellas del mundo, difícil de superar en una población de cinco mil almas y que en el medievo llego a tener cincuenta mil. Estaba pensando esto mientras me cepillaba los dientes, que los dentistas recomiendan se haga tres veces al día, pero que yo no conozco a nadie que lo haga más de dos. Si de por sí es difícil cepillarse a una maroma tres veces en un día - incluyendo pausas sindicales y periodo refractario- siendo este acto algo que da, digamos, mucho gustirrinín, para que iba alguien hacer algo tan aburrido -sea sano o no- tres veces al día. Para apoyar mi tesis hay nutricionistas que recomiendan comer cinco veces al día, y ahí nadie se queja. Los jardines de la entrada, pegados a la muralla, son perfectos para un picnic romántico siempre que la meteorología soriana no haga de las suyas. Hacían de defensa la ciudad y cuando yo era pequeño tenían ciervos que alimentábamos, seguramente con lo que no debíamos. Ya no hay ciervos, el ayuntamiento lo quitó cuando hicieron la autopista. Antes, cuando íbamos al frescor y las playas del norte, la ciudad era un lugar casi obligatorio para degustar todo tipo de recetas micológicas. ahora el Restaurante Palafox es menos conocido pero no menos exquisito, dependiendo principalmente de los clientes del hotel, antigua Universidad de Santa Catalina, donde estudió Gaspar Melchor de Jovellanos, el que hizo la carretera León-Gijón y no se llevo ninguna comisión  (Quizás porque ya era rico cuando accedió al cargo institucional, conociendo España si el no se la llevó quizás fue Godoy) fue un gran jurista que amaba Madrid como lo amamos muchos, incluido Javier Marías que se pillo el despacho al lado de donde el escribía varios siglos antes, frente a la casa de la villa, y a todos los ciudadanos nos daba la sensación que velaba por nuestras almas cuando veíamos la luz encendida en su ventana (escribía de noche) sobre todo cuando volvíamos de recogida, haciéndonos preguntas de madrugada que nadie sabía responder, de esos grandes profesores filósofos frustrados de la Universidad que se convertían en Profesores de cualquier asignatura de Cálculo Infinitesimal o Matemáticas Aplicadas (nunca nos dijeron a que las aplicaban) del tipo ¿Sí se cae un árbol en medio del bosque hace algún ruido? Para luego hablarnos del amor entre funciones. ¿Por qué no se nos enseña a gestionar emociones en el colegio, en vez de estas tonterías? Espero la misma respuesta a esta pregunta que a la del árbol.

domingo, 21 de septiembre de 2025

Otoño

 No sé si por haber nacido en Otoño le tengo un cariño especial a dicha Estación. El crujido de las hojas al pisar el Retiro, las preguntas sin escuchar respuesta, como si fuera un lugar de reunión de matrimonios hablándose desde habitaciones distintas. Los niños se saturan con los diferentes colores y huyen de sus progenitores para inmunizarse vestidos de domingo. También es un cementerio de aquellos que lloran amargamente por el sábado anterior, porque no supieron recogerse a tiempo y se olvidaron de la regla de Madrid, que es universalmente conocida: Nada bueno pasa tras la madrugada. Los turistas devoran churros -que han sido extraídos de una inmersión en aceite reciclado- como si no hubieran comido en su vida. los locales compran libros de segunda, tercera y cuarta mano que jamás leerán, que terminarán apilados en cualquier estantería y que años después volverán al mismo lugar una vez no leídos. Lloré mucho con Patria, pero ya no sé a quien se lo regalé, porque nunca presto libros como no presto novias, tal y como me enseñó mi padre. Hay alguien tan, pero tan cursi que se ha traído un conjunto para hacer picnic -cubiertos, platos y mantel a juego- pensando que resultaría romántico. Madrid no tolera dichos comportamientos y la vajilla será atacada por un ejército de hormigas que no perdonan tal afrenta a sus dominios. El metro que lleva al parque es pequeño y antiguo, casi parece de juguete, pero yo echo de menos los vagones con los asientos de madera, cuando Madrid era un pueblo grande formado por personas de pueblos pequeños y nos asombrábamos al ver a alguien de otra provincia. El Madrid de los cuernos con minifaldas en Las Ventas, donde probablemente ví por primera vez el sexo de una mujer, deseosa de que terminara la faena en el ruedo para empezar la suya. Ahora las invitan a un café, antes las ponían un piso en la calle Alcalá, que era donde terminaba Madrid, todo lo demás era campo hasta llegar a Aragón, como se llamaba la carretera.  Se han perdido las buenas costumbres: Eran doncellas que acababan siendo putas pero no por eso dejaban de ser doncellas, simplemente limpiaban sables distintos según el día de la semana. La emetreinta devorada por el Calderón mientras los aficionados cantaban los goles. Desde el mismo estadio podías ver el atasco al finalizar el partido. Viejos recuerdos que asombran a propios y extraños. 

martes, 2 de septiembre de 2025

Basilea, el exilio español

Basilea tiene tres salidas en su aeropuerto. Una para Francia, otra para Alemania y otra para la propia Suiza, que es más pequeña que las dos anteriores. En realidad el terreno pertenece a Mulhouse, una ciudad francesa que perteneció a Alemania y da servicio a esta ciudad, a la misma Basilea y a Friburgo. La curiosidad es que por la ciudad suiza se escucha hablar español, y no sólo de cuando el Franco Suizo valía catorce pesetas. Había gente que decía que allí se podía trabajar con el inglés, pero se encontraban tremendamente equivocados. Lo que sucede es que allí se habla el dialecto suizo, que resulta ininteligible para los germanoparlantes, provocando a los foráneos que siempre pedimos que repitan la frase en Alto Alemán (alemán neutro) y que terminemos hablando en inglés para evitar favoritismos. Los suizos probablemente sean las personas más prácticas en este sentido del mundo, utilizando el inglés hasta en el parlamento. Un compañero de entonces estaba convencido de este último punto al extremo de llevar dos décadas trabajando para una empresa Suizo Alemana tan sólo con el inglés como lengua de trabajo. La época en la que nos mandaban al país helvético de lunes a jueves coincidió con su ascenso, que asombró a propios y extraños. No lo celebró ni se alegro por ello: Era una persona de poca expresividad y alma un tanto retorcida. En las reuniones en alemán no se enteraba de nada, así que le enseñé varias frases que alternar para aparentar lo contrario: 

"Ja, Ja" (Sí sí)

"Aber natürlich!/Aber ja"  (por supuesto/ pues claro) 

"Diese Idee gefällt uns nicht, sie reicht nicht aus" (esa idea no nos gusta, es insuficiente)

"So ist es" (así es) 

"Ich weiss es nicht. Ich werde meinen Kollegen fragen" (NPI, se lo voy a preguntar al compañero) Esta última era muy útil cuando le preguntaban algo (Los sajones adoran cuando alguien reconoce que no sabe nada de algo. Les da gustirrinín)

Con dichas expresiones básicas estuvo un año entero sin que se enteraran que el hombre sólo sabía inglés. (Igualmente luego mandaban un resumen de la reunión por correo electrónico en varios idiomas, que el leía  avidamente, y nunca sucedía nada interesante) 

Todo se descubrió el día que una compañera le roneó (algo muy habitual para las féminas en esas latitudes) preguntándole si podían verse después para cenar. El respondió que lo iba a consultar con su compañero (o sea, conmigo) lo cual produjo una confusión enorme. La suiza -una rubia de metro ochenta- que estaba deseando preguntarle porque llevaba un colgante con una figura en el cuello y por qué tenía nombre de mujer (Jose María) si era un hombre se quedó con las ganas y se lo tomó como un rechazo. Igualmente explicarle a una calvinista lo que es la Santina y que Asturias era España y el resto tierra conquistada iba más allá de sus conocimientos lingüisticos. Durante varios días pensaron que el y yo eramos algo más que compañeros. Y no entendí por qué hasta que me explicaron lo sucedido. Les aclaré mi heterosexualidad y que esas cosas en España no se suelen hacer, donde tengas la olla..Que tenemos otros lugares de esparcimiento, conocimiento y roneo en general. Rápidamente alguien convocó una reunión para pedirnos disculpas y mi compañero respondió con otra frase aprendida "que era insuficiente", por lo que avergonzados nos ofrecieron una cena en un restaurante caro al lado del río donde degustar la para ellos deliciosa (sic transit) cocina suiza, básicamente carne con champiñones en salsa, a la que se unieron varios españoles que comimos entre risas y ruido, asustando a los otros comensales, incluido un señor que nos pusieron en la silla que quedó libre de la mesa de ocho y que sólo había pedido una triste sopa. Sic transit. 

domingo, 13 de julio de 2025

Kilometraje impuesto

 Majadahonda es un pueblo. No lo digo de manera peyorativa: No tiene suficientes almas para considerarse una ciudad. Los majariegos de toda la vida, que gracias a Radio Televisión Española y la Universidad Complutense pasaron de ser pastores a clase alta décadas después así lo confirman orgullosos, y la prueba quizás más visible es el cuartel de los guardias, sin reformar probablemente desde que se construyó en 1844, rodeado por edificios de ladrillos de alta gama. Allí entró Dani con su abogado para denunciar a su mujer, algo muy normal por estos lares, tanto como rescatar gatos de las copas de los árboles y su correspondiente artículo en el periódico local. Había aparecido el día anterior en mi casa, con la tristeza y el drama que sólo un argentino puede infundir a la vida, explicando que ella le había robado y destruido los pasaportes, para después insultarlo e humillarlo delante de todo el vecindario. No contenta con eso, había mandado cientos de mensajes a todos los contactos de su móvil, incluyendo su contable en Argentina, aquel que le dijo que no podría volver si no pagaba los impuestos más altos del mundo. Huyó en su coche de los domingos, condujo durante una hora sin rumbo y terminó llamando a mi puerta. Despojado de sus documentos y el móvil poco podía hacer. A mi me preocupaba más que superara el kilómetraje impuesto a aquella pieza de museo que había aparcado en la calle como si fuera un utilitario cualquiera. Me dijo que fue hasta Segovia y volvió. Bastante previsible, tanto como las infidelidades a su mujer. Puse los clásicos de Julio Iglesias mientras me contaba como sucedió todo y de la misma manera que al día siguiente la sargento escuchó con seriedad. A mi me costaba aguantarme la risa con ciertos comentarios, ella debía estar acostumbrada. La infidelidad entre las clases altas no motiva dolor por sentimientos, sino pérdida de calidad de vida. El que dirán, que te señalen por la calle, miedo a que vayas a la farmacia del pueblo y te receten calcio para los cuernos. Se sienten desnudos por la calle, la ropa no tapa sus vergüenzas, las gafas de sol no protegen del Astro Rey, los sépalos no protegen a la flor. "¿Está con vos?" me preguntó ella por teléfono "Sí, tranquila, está conmigo" respondí, mientras comíamos algo sencillo. Estuve a punto de decir que su marido había pedido rabo de toro, pero simplemente la dejé hablar, había improperios nuevos hacia su marido desconocidos para mí, como hijo de mil camiones de putas. Yo soy muy visual y costaba imaginarlo. Estoy más acostumbrado al tontos de carritos o hijo de la gran puta con balcones a la calle. Pasamos a los cafés y ella seguía hablando, aunque dejé de prestarle atención al cuarto de hora. Primero porque mi nivel de atención a frases emocionales concatenadas es bastante reducido. Segundo, porque el café era de gran calidad y para mí un momento de paz. 

viernes, 21 de marzo de 2025

Sueños optimistas


"Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay"  (Saramago)


Tengo varios sueños recurrentes, de esos que te despiertan con congoja e impiden volver a dormir por su intensidad y viveza. Últimamente recuperé uno ya olvidado: El del barco de mi padre. Nunca tuvo un barco, pero en Canarias se aficionó a su alquiler para irse de pesca. Solían ser embarcaciones pequeñas y desgastadas que los lugareños alquilaban en la laguna de Arrecife. Pescar era la excusa, nunca el objetivo: Pasar el día, echar la mañana o la tarde haciendo algo distinto y en silencio. En mi sueño siempre aparecemos temprano, lejos de la costa camino de Fuerteventura, con los vientos alisios meciendo la embarcación como si fuera una gigantesca cuna de madera, siendo esto lo único que hace desaparecer el silencio. Aparece mi hijo, pero mi hijo soy yo, mirando a mi padre de vez en cuando mientras lanzo mi caña de bambú una y otra vez, cuando consigo atrapar una mojarra que devuelvo al mar de nuevo. Una manada de delfines comunes pasa por delante de la embarcación, mi hijo grita "¡mira, mira Papá!" y yo le respondo con el gesto de silencio del dedo índice. Su abuelo ni siquiera se inmuta. Está incluso demasiado callado desde que salimos de Puerto, algo que no aparece en mi sueño pero si en mi memoria como un hecho, no ha contado ninguna anécdota de Saramago, ningún comentario sobre Cesar Manrique. Pasamos Püerto del Carmen y mi padre señala los barcos del puerto deportivo, sin decir palabra, como cuando íbamos en carretera e iba señalando castillos, edificios o el vuelo del un halcón peregrino. Oigo la risa de mi hijo por cualquier razón y por ninguna, desde una ráfaga de aire hasta un delfín común que acaba de dar un salto a nuestro lado a investigarnos. Mi padre grita que es un zifio y yo le replico que los zifios, primero, son huidizos y no se ven y segundo están en la Isla del Hierro (tercero no van en manadas) El replica que parece un zifio. Pregúntale a Saramago, le respondí. Saramago respondió que cerraría todos los zoológicos del mundo. No vió un zifio en su vida porque, básicamente, no pasan por aquí. 

El viejo había hecho sandwiches para la mitad de travesía, envueltos en servilletas en una bolsa de pan de molde. Me dió a mi uno y mi hijo dijo okey quitándomelo de la mano. Eran de foie gras, y mordí una esquina como respuesta. Respeta a tu padre, le dije. vi como el viejo negaba con la cabeza. Los tiempos pasan, los gestos pasan de generación en generación.