viernes, 2 de octubre de 2026

Delfines en el estrecho

De la llegada de Atunes por el Estrecho desde niño he visto la llegada de vuelta, cuando ya han desovado en el mediterraneo y vuelven al Atlántico en busca de alimento. Antes de vivir del turismo, Conil era el puerto donde se vendían, mediante subasta inversa, todos los cargamentos de aquel manjar. Las Orcas persiguen a los barcos y a los atunes, exhaustos hasta la Almadraba. Pronto se dieron cuenta que el ser humano competía con ellas, y comenzaron a atacar los barcos. 

Los científicos no encontraban explicación alguna. Cualquier persona que haya pasado parte de su infancia entre pescaderías y salazón sí. Los estudios jamás pueden competir con la demostración empírica. 

Que le voy a hacer si yo nací en el Oceano Atlántico. 

Uno de mis tíos emigró a Ceuta a principios de los ochenta, víctima de la reconversión industrial, y a mi padre se le ocurrió que fuéramos a verlo, por supuesto por el camino más difícil posible: Tomamos el Ferry desde Tarifa hasta Tánger y alquiló un Mercedes 300 gigante para llegar a Ceuta. Fue de las primeras fronteras físicas que crucé en mi vida. Desde allí hasta Ceuta hay poco más de 70 kilómetros, pero debido al estado de las carreteras de la época, que bordeaban la costa, se tardaban algo más de dos horas. 

El Ferry desde Tarifa era y es una delicia para los niños, que disfrutan asombrados del viento cruzado y de los diferentes tipos de Cetáceos, delfínidos en su mayoría, que cruzan el Estrecho: Delfines comunes, mulares, Orcas y falsas orcas, y sobre todo Calderones . Tánger parecía entonces una antigua ciudad de Andalucía con pinceladas africanas, incluso hay fuentes con el escudo andalusí, y la bandera blanca y verde se adivina entre los edificios, negociar el alquiler de un vehículo en francés bereber todo un logro. El comercial insistía que tenía un abuelo español, dato curioso pero completamente inútil. El trayecto por la costa era como un espejo de la costa de enfrente, como si hubieran partido el mundo que yo reconocía en dos y de repente viera en el mi reflejo. La Guardia Civil se cuadró cuando mi padre, en vez del pasaporte, sacó el carnet militar en la frontera. Ceuta parecía un Cádiz primigenio, con edificios modernistas y una muralla espectacular. Olía a Lonja y a churros. Podría cerrar los ojos sin notar la diferencia: Ir a la churrería, comprar un kilo de Tejeringos y comerlos en alguna cafetería cercana acompañado de un café en vaso de cristal, con la sola compañía del ruido de cucharas cayendo sobre los platos del café. 

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